ENTRE LAVA
Recorremos las pistas de Lanzarote entre algunos de los más de 145 volcanes que pueblan la isla. Pistas de ceniza y arena nos desvelan el encanto y los misterios de la isla más volcánica de España.

Luis de la Puente

 
Ortofoto de Lanzarote
 
Lanzarote Norte
     
 
Vista del P.N. de Timanfaya
 
Lanzarote Sur
     
 
Caleta de Caballo
Montañas de Fuego
     
 
Pista de tierra entre cultivos
 
Una paradita para la foto
     
 
En Famara, el "risco" al fondo  
Pista antes de llegar a La Santa
     
 
Al fondo el volcán Bermeja
 
En Jameos del Agua
     
Paisaje volcánico
 
A más de 1.000 Km de la península, Lanzarote es la isla del archipiélago canario que más al norte se sitúa a 129 Km de las costas de Marruecos. Con una extensión geográfica que supera los 860 km2 y 96.300 habitantes, Lanzarote debe su nombre a Lancerotto Marocello, genovés que produjo los primeros contactos con Europa en el año 1312.

El absoluto origen volcánico de la isla, ha producido en su geografía un relieve muy accidentado y marcado por dos macizos que se elevan como consecuencia de las erupciones de 1715 y que flanquean una depresión central: el macizo de Famara al norte, y el de Timanfaya al suroeste, siendo este último el que da nombre al Parque Nacional de la isla. En 1993, Lanzarote fue declarada reserva de la biosfera.

El paisaje, tremendamente desértico, nos impulsa a su descubrimiento. Mil pistas de ceniza y arena se abren a nuestro paso invitándonos a su recorrido, eso sí, excepto en el Parque Nacional de Timanfaya, donde los dos o tres caminos que lo cruzan entre la brutal lava están lógicamente cortados. Podemos adentrarnos en una infinidad de caminos para recorrer la isla de una manera diferente, pero en esta ocasión no hemos tenido tiempo de poder marcar un recorrido al uso, con principio y final, rutómetro, track, etc. Sin embargo, y con ánimo de conocer todo lo posible, (puesto que el tiempo corría en nuestra contra) decidimos ir a ciegas, lo que supone deshacer el camino en algunas pistas y hacer tramos de asfalto innecesarios.

Al contrario de lo que pensamos el calor no fue un problema. La isla tiene un clima subtropical con suaves temperaturas y escasas precipitaciones debido a su altitud y al efecto moderador de los vientos Alisios, que en el hemisferio norte soplan de NE a SO arrastrando a su paso cualquier formación nubosa que se presente hacia el resto de las islas. Los lugareños nos han contado que la última vez había tardado en llover más de 30 años.
 
El Risco de Famara y el Volcán de la Corona
 
Partimos de Arrecife, capital de la isla, rumbo norte cogiendo el menor asfalto posible con el objetivo de alcanzar La Santa, población costera al oeste del macizo y de la playa de Famara, spot muy conocido entre los surfers por sus magníficas olas. Fue una auténtica sorpresa entrar en La Caleta de Famara, población a pié de playa y sin asfaltar. Las calles, muy tranquilas, prescinden de acera y son de arena de playa y gravilla. Según llegamos al pueblo, al fondo preside majestuoso el risco de Famara elevándose a 600 metros desde la misma playa. Imposible de encontrar pista buena que atravesara el macizo tomamos rumbo a Teguise, antigua capital de Lanzarote. Desde allí volvemos al norte por una carretera muy virada hasta Haría, lugar de residencia del insigne César Manrique, sin duda el mejor representante de la isla hasta nuestros días. Creador de numerosas obras, arquitectónicas y de diseño entre las que destacan El Islote de Hilario en Timanfaya, Los Jameos del Agua, la Cueva de los Verdes, el Monumento al Campesino, los Jardines y la piscina del Hotel Gran Meliá Salinas, etc., etc. Antes de llegar al "final" de la isla por el norte, agotando ya las últimas horas del día, e inmediatamente antes de llegar al Mirador del Río (también diseñado por Manrique), para ver desde una vista casi zenital la isla de La Graciosa, vemos como se nos acerca lentamente el Volcán de la Corona, de 609 metros al que un efecto óptico, producido por el crepúsculo y la niebla de ese día, daban vida al cráter humeante de la Corona.