LUIS DE LA PUENTE


-Un raid, dos carreras-
(Febrero 2.003 - AutoAventura 4x4)

El Dakar, para los amantes del Rallye Raid, es "la prueba", el camino a seguir, la auténtica referencia dentro de este tipo de competiciones. Quienes simplemente disfrutan del todoterreno fijan su admiración en la espectacular belleza de su recorrido. Y otros, los más aventureros, sueñan con la inmensidad de unos paisajes que convierten la navegación por pistas en un auténtico desafío para el ingenio y la orientación. En cualquier caso para muchos es sencillamente un mito. Sus organizadores se han ocupado bien de que sea así.

Existen dos etapas bien diferenciadas; la que conocemos en la actualidad y la que inició su creador. Desde la 9ª edición (1987) la prueba empezó a desmarcarse de su filosofía inicial, que primaba la participación del amateur o privado sobre el equipo oficial, y apostaba por el verdadero espíritu de aventura, navegación y superación. Hoy el amateur también prima sobre el equipo oficial, pero esta vez alimentando las inscripciones para poder soportar el extenso presupuesto que la carrera necesita. Ahora bien, ese auténtico aventurero no sólo tendrá que pagar una vez, sino dos, la primera en la inscripción y la segunda en las dunas.

Son de sobra conocidas las etapas sin asistencia mecánica durante 1500 km y aquellas otras que rondan los 500 km pero por terrenos de una dificultad calculada. Y aunque su objetivo principal es dotar a la prueba de esa dureza que la convierte en mítica, no se nos escapa una segunda finalidad no menos importante: causar bajas. Antes de alcanzar el ecuador de la carrera la mitad de los equipos estarán a punto de volverse a casa. Y es que pese a lo que se diga, donde comen cinco no comen diez. Pero esta situación no sólo deriva del alto kilometraje y la escarpada orografía de las pistas; el participante amateur o privado, por norma general, no cuenta con los medios mecánicos, humanos y económicos de un equipo oficial. Cuando un piloto oficial llega a fin de etapa, sus mecánicos empiezan a sustituir piezas y trabajan en la máquina toda la noche para que al día siguiente esté lista. Mientras, el piloto se alimenta, descansa, y al día siguiente comienza concentrado y a punto. El amateur, por su parte, cuando logra llegar a fin de etapa (si llega) después de cuatro jornadas, ve cómo le caen las penalizaciones oportunas (por llegar fuera de horario), se encuentra con la terrible tarea de reparar su vehículo (probablemente durante toda la noche) y al día siguiente toma la salida con el resto de pilotos. La historia se repite y al final de ese u otro día surge el inevitable y matemático abandono por causas mecánicas, físicas o psíquicas.

Estos factores hacen de esta carrera la única en participación, seguimiento y repercusión. Todos los participantes sueñan con llegar, y ésa es, precisamente, la verdadera meta de cada uno de ellos. Son conscientes de que no van a subir a lo alto del podio. Aunque todos corren bajo la misma organización, hacen carreras diferentes. Para unos es una competición muy dura, para otros una aventura de verdad. Sin embargo, y pese a ello, no cabe sino felicitar a sus responsables por mantener viva la llama entre adeptos y participantes, y lograr llevar a lo más alto a la única carrera que desde el punto de vista deportivo, del marketing y empresarial, ha conseguido convertirse en uno de los mayores acontecimientos del motor.

Luis de la Puente
es director de publicidad de AutoAventura 4x4